¿Cómo saber si mi hijo tiene autismo?

Una de las preguntas más frecuentes que se hacen muchas familias es: “¿Cómo puedo saber si mi hijo tiene autismo?”. Esta duda puede aparecer cuando el niño no responde a su nombre, habla poco, evita mirar a los ojos, juega de una forma diferente o tiene reacciones muy intensas ante cambios, sonidos, texturas o rutinas.

Es importante aclarar algo desde el inicio: ninguna señal por sí sola confirma un diagnóstico de autismo. Las señales pueden orientar a la familia, pero la valoración debe ser realizada por profesionales especializados, mediante entrevistas, observación clínica e instrumentos adecuados. Aun así, conocer los signos de alerta es fundamental, porque permite buscar apoyo a tiempo.

El Trastorno del Espectro Autista, o TEA, es una condición del neurodesarrollo que puede afectar principalmente la comunicación social, la interacción con otras personas, la flexibilidad del comportamiento, el juego y la forma en que el niño procesa los estímulos del entorno. De acuerdo con los CDC, algunas características pueden observarse desde los primeros meses o años de vida, aunque en otros niños se vuelven más evidentes alrededor de los 24 meses o después.

Señales en la comunicación y la interacción social

Una de las áreas donde suelen aparecer las primeras señales es la comunicación. Algunos niños con señales de alerta pueden no responder consistentemente cuando se les llama por su nombre, tener poco contacto visual o mostrar poca intención de compartir lo que les interesa.

También puede observarse que el niño no señala para pedir o mostrar algo, no lleva objetos para compartir con sus padres, no imita gestos como saludar, aplaudir o mandar besos, o parece preferir jugar solo la mayor parte del tiempo.

En el lenguaje, algunos niños pueden presentar retraso en el habla, usar pocas palabras, repetir frases que escuchan en dibujos animados o videos, o tener dificultad para usar el lenguaje con intención comunicativa. Otros pueden hablar, pero les cuesta mantener una conversación, responder preguntas o comprender normas sociales simples.

Esto no significa que todo niño que hable tarde tenga autismo. El retraso del lenguaje puede tener diferentes causas. Por eso, la evaluación profesional es clave para comprender qué está ocurriendo.

Señales en el juego y el comportamiento

Otra señal importante puede estar en la forma de jugar. Algunos niños muestran poco juego simbólico; por ejemplo, no hacen como si alimentaran a un muñeco, hablaran por teléfono de juguete o imaginaran escenas simples. Otros pueden usar los juguetes de manera repetitiva, como alinear carros, girar ruedas, abrir y cerrar puertas o enfocarse más en partes del objeto que en el juego completo.

También pueden presentarse movimientos repetitivos, como aleteo de manos, saltos constantes, balanceo del cuerpo o caminar de puntillas. En algunos casos, el niño puede mostrar intereses muy intensos por ciertos objetos, números, letras, dinosaurios, trenes, mapas o temas específicos.

Las dificultades ante los cambios también son frecuentes. Algunos niños se angustian mucho si se modifica una rutina, si se cambia el camino habitual, si se les quita un objeto favorito o si una actividad no ocurre como esperaban.

Los CDC describen que, además de las dificultades en comunicación e interacción social, en el autismo pueden observarse conductas o intereses restringidos y repetitivos, aunque estas características pueden variar mucho de un niño a otro.

Señales sensoriales que pueden llamar la atención

Muchos niños con señales compatibles con TEA pueden reaccionar de manera diferente a los estímulos sensoriales. Algunos se tapan los oídos ante sonidos cotidianos, rechazan ciertas texturas de ropa o alimentos, se molestan con cortes de cabello o lavado de dientes, o buscan constantemente movimiento, presión, giros o saltos.

También puede ocurrir lo contrario: niños que parecen no reaccionar ante ciertos sonidos, dolor o estímulos del ambiente. Estas respuestas no son “caprichos”; muchas veces reflejan una forma diferente de procesar la información sensorial.

¿Por qué es tan importante la detección temprana?

La detección temprana no busca etiquetar al niño, sino comprender sus necesidades lo antes posible. Mientras más pronto se identifiquen las dificultades, más temprano se pueden iniciar apoyos en comunicación, lenguaje, juego, regulación emocional, habilidades sociales, autonomía y adaptación familiar.

La Academia Americana de Pediatría recomienda realizar tamizajes específicos para autismo a los 18 y 24 meses, además de vigilar el desarrollo del niño en sus controles pediátricos. Esto es importante porque algunos signos pueden detectarse desde edades tempranas, y una intervención oportuna puede mejorar significativamente la calidad de vida del niño y su familia.

Pedir una valoración no significa asumir un diagnóstico. Significa actuar con responsabilidad cuando existen dudas.

¿Cuándo debería buscar ayuda profesional?

Es recomendable pedir orientación si tu hijo no responde a su nombre, evita el contacto visual, no señala para pedir o mostrar, no imita gestos, tiene retraso en el lenguaje, presenta juego repetitivo, se altera mucho ante cambios, muestra movimientos repetitivos o tiene respuestas sensoriales muy intensas.

También es importante consultar si el niño parecía avanzar en su desarrollo y luego dejó de usar palabras, perdió habilidades sociales o dejó de comunicarse como antes. Esa pérdida de habilidades debe ser valorada cuanto antes.

En conclusión

No existe una sola señal que permita decir con seguridad que un niño tiene autismo. Sin embargo, cuando varias señales aparecen juntas y afectan la comunicación, el juego, la interacción social, la conducta o la adaptación diaria, es importante buscar una valoración profesional.

En CALMA Centro de Neurodesarrollo Integral, acompañamos a las familias en el proceso de evaluación, orientación e intervención temprana. Si tienes dudas sobre el desarrollo de tu hijo, pedir ayuda a tiempo puede marcar una gran diferencia.

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